Después de una reforma, es habitual que el suelo quede cubierto de polvo, restos de cemento, pintura, adhesivos o pequeñas rayaduras. Aunque el pavimento estuviera en buen estado antes de la obra, estos residuos pueden dejarlo apagado y con un aspecto irregular.
Una limpieza convencional puede no ser suficiente
Los restos de obra suelen adherirse con fuerza a la superficie y a las juntas. Además, utilizar productos demasiado agresivos puede dañar materiales delicados como el mármol, el terrazo o la piedra natural.
Por este motivo, antes de comenzar es necesario identificar tanto el material del suelo como el tipo de residuo que queremos eliminar.
¿Cuándo es necesario pulir el suelo?
Si después de la limpieza siguen apareciendo arañazos, manchas, zonas mates o diferencias de nivel, puede ser necesario realizar un tratamiento profesional.
El pulido permite eliminar una pequeña capa superficial del pavimento para recuperar su uniformidad. Posteriormente, el afinado y el abrillantado ayudan a devolverle su textura y brillo natural.
No todos los suelos necesitan el mismo tratamiento
El procedimiento dependerá del material y de su estado:
- El mármol requiere especial cuidado frente a los productos ácidos.
- El terrazo puede recuperar su color y brillo mediante pulido y cristalizado.
- El hormigón puede necesitar rebaje, pulido y sellado.
- Las manchas profundas o grietas deben revisarse antes de comenzar.
Recupera el suelo sin sustituirlo
Un tratamiento profesional puede renovar completamente el pavimento después de una obra sin necesidad de levantarlo e instalar uno nuevo.
En Pulidos Jorba analizamos el estado de cada superficie para aplicar el tratamiento más adecuado y recuperar su aspecto original de forma segura y duradera.
